Trabajando con sus HIJOS
A medida que su familia crezca, se encontrará realizando un trabajo a tiempo completo. Los hijos pueden ser una herencia y una recompensa del Señor, ¡pero también son trabajo!
Debe dedicar el tiempo necesario para enseñarles, compartir, y cuidarlos. Y tiene que invertir tiempo para enseñarles a compartir y cuidarse entre ellos. Tiene que enseñarles las cosas espirituales también, tales cómo ministrar a Dios y ejercitar su propia fe.
Entonces usted tiene una tremenda responsabilidad. No es sólo “Cásate y sé feliz”. Se necesita trabajar en cada etapa. Y cada vez que presenta un nuevo hijo a la familia, es
totalmente diferente, porque ahora tiene otra personalidad en el hogar que nunca ha tenido antes.
Es muy importante que reconozca el hecho que todos sus hijos tendrán personalidades
diferentes. Puede impedir el llamado de Dios en la vida de un niño si no entiende ni se
toma el tiempo para tratar con la personalidad única de ese hijo.
¡Por ejemplo, siempre me he preguntado de dónde vino mi hija menor porque era tan
diferente a todos en la familia! Luego un día finalmente me di cuenta de que ella actúa
como mi hermana – extraño! ¡Afortunadamente, mi hermana es cristiana!
Sus hijos no todos tienen que pensar como usted o como su esposa. Los hijos son
imitadores. Algunas veces imitan a papá. Algunas imitan a mamá. Algunas veces
eligen imitar a alguien fuera del hogar, y otras quieren imitar a todos al mismo tiempo.
(Entonces usted realmente tiene un lío en sus manos. Pero con el tiempo sus hijos
podrán superar esto si son guiados correctamente.)
Creo que los hijos deberían aprender de sus padres. Nadie fuera de la casa es responsable por lo que sucede en su hogar, entonces no debería permitir a otros formar las opiniones de sus hijos. Se supone que tienen que recibir sus opiniones, valores, y moral de usted. Y todo eso debe tomarlo de la Biblia.
Sus hijos también pueden aprender de usted qué personas son seguras para imitar. Sin
embargo, es su responsabilidad descubrir quién son los mentores de sus hijos y
asegurarse de que estén siguiendo los roles y modelos divinos.
Otra cosa importante es que debemos permitirles tiempo para ser niños. Los chicos atraviesan etapas de crecimiento, así como los adultos, entonces hay que brindarles
espacio para pensar. Hable con sus hijos y hágales preguntas sobre diferentes cosas. Enséñeles a pensar por ellos mismos y permítales que le cuenten cosas. Escúchelos
antes de “avasallarlos” con otro tema. Y asegúrese de oír realmente lo que ellos le están diciendo, porque podría ser algo totalmente diferente a lo que usted piensa que ha oído.
Siempre que deba castigarlos, hágalo apropiadamente a su edad. Los más chicos
necesitan la disciplina de la vara, pero usted necesita usar sabiduría en corregir a los
mayores. Por ejemplo quitarle sus privilegios. Debe lograr que piensen en lo que ellos hicieron en vez de que sólo se enojen con usted.
Finalmente, no deje que sus hijos se queden en su casa y falten a la iglesia. Hágalos
asistir. Es parte de su responsabilidad entrenarlos en el camino que deben andar (Prov. 22:6). Sí, habrá un punto en el que sólo estarán yendo a la iglesia porque tienen que hacerlo. Pero si siguen yendo, la importancia de asistir a la iglesia y el compromiso terminarán siendo una prioridad.
Usted podrá ver que se necesita responsabilidad y disciplina de su parte para edificar una familia fuerte – en otras palabras, ¡trabaje! Pero las recompensas valen la pena el tiempo que invierte en su mayor bien en la vida, su familia.
Lo que sigue es un texto llamado “El amor es ...” Está basado en 1ª Corintios 13:4-8, y es una descripción viva sobre el amor genuino. Léalo, medítelo, y métaselo en su espíritu. Luego aplíquelo, especialmente en el hogar.
El Amor es ...
El amor todo lo soporta, (dura, se mantiene en movimiento) y es paciente (dispuesto a soportar la espera, o cualquier cosa que lo irrite; soporta con calma sin quejarse ni perder
el autocontrol), y amable, (haciendo el bien en vez de daño, con una actitud gentil, considerada hacia otros). Nunca es envidioso, (mostrar antipatía por lo que alguien tiene
ya que en realidad desea lo que la persona tiene). Nunca se llena de celos (antipatía o
temor de supuestos rivales, envidia, un sentimiento de ser amenazado en relación a algo
que es suyo.) No actúa con mal gusto, (impropiamente). El amor no insiste en sus propios derechos o en su propio camino, porque no busca lo suyo. No es quisquilloso (irritable, fácil de enojarse), con mal humor (preocupación, descontento, infeliz, perturbado) o resentido (sentirse herido, enojado, ofendido); no guarda un registro de lo malo que le han hecho, no presta atención a un daño sufrido. No se regocija de la injusticia (un acto o circunstancia injusta, o daño), e injusticia (conducta pecaminosa), sino que se regocija con lo justo (cualquier cosa que esté en línea con la Palabra de Dios) y la verdad (cualquier
cosa que esté de acuerdo con la ley establecida por Dios) prevalece (existe). El amor soporta cualquier cosa que venga, está siempre listo para creer lo mejor de toda persona. Sus esperanzas están intactas bajo toda circunstancia, y soporta todo sin debilitarse. El amor nunca falla, nunca desaparece, ni se vuelve obsoleto, nunca termina. El amor respeta la autoridad. El amor no es arrogante (habla con un concepto muy alto de sí mismo, de lo que tiene o sabe; se jacta) ni vanaglorioso (excesivamente orgulloso, arrogante o egoísta), no se muestra altanero (sintiéndose superior a otros y mostrándolo al comportase con fría indiferencia y desprecio). No es engreído (demasiado orgullo en uno mismo o en sus habilidades), arrogante (orgulloso o mostrando una actitud de superioridad hacia otros) ni agrandado, lleno de orgullo (alta opinión del valor propio o de sus posesiones). El amor no es cruel (descortés, con malos modales, con una forma negativa de actuar).

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